Desde muy pequeño practiqué Tae Kwon Do, ahora ya hace tiempo que lo dejé, aunque a veces lo lamento, pero el tiempo no se puede estirar para hacer todo lo que uno quisiera, esa dimensión del espacio-tiempo que a todos nos gustaría amoldar, estirar o incluso retomar en un punto anterior.

Mi profesor era coreano, no era mejor o peor que otros profesores españoles o de otra nacionalidad, pero sentía ese deporte de una manera especial. El Tae Kwon Do en Korea es una forma de vivir, es el deporte nacional, sobrepasa las barreras del deporte y es considerado una forma de forjar el carácter.

Yo creo que cualquier deporte forja el carácter, de formas diversas, pero en este caso concreto además se añadía la peculiar forma de ver la vida desde una perspectiva oriental.

No me estoy refiriendo al "Pon cera, quita cera" de la película Karate Kid, o a un tío dando patadas a una palmera hasta que la pierna le empieza a sangrar de Van Damme... la filosofía oriental es muy singular.

La tranquilidad del momento, las sensaciones y las percepciones internas, el autoconocimiento, la superación personal sin importar los demás, el equilibrio...

Desde este punto de vista el Parapente y el Tae Kwon Do no se diferencian demasiado, y hoy he hecho un vuelo que me lo ha demostrado.

Explicar esto a alguien que no lo haya experimentado resulta cuando menos complejo.

Seguro que alguna vez os han preguntado por qué voláis, por qué arriesgáis la vida o cuando menos la propia integridad, para qué... y seguro que habréis tenido la penosa necesidad de justificaros ante esos amigos que os ven como locos, que no entienden lo que hacéis, que ni se plantean el probarlo.

"¿Por qué escalar el Everest?. Porque está ahí". Mallory, antes de perder la vida intentando su sueño resolvió de forma magistral esa ecuación tan compleja, aunque sólo los que experimentamos esa sensación podemos entender esa respuesta, vinculada de forma ineludible a las sensaciones y percepciones de una acción.

Volar en parapente, aunque sea en plena competición, no deja de ser, a mi manera de entender una lucha interna en solitario, un afán de superación, de querer llegar más lejos, más alto, a donde otros no han llegado, donde otros no han volado.

"Citius, altius, fortius"

Hoy he experimentado lo que es "VOLAR".

Una vez , Ulises me dijo que con una vela 1 o 1-2 no se volaba... me pareción un poco engreído, él vuela una vela de competición y yo creía que no habría tanta diferencia. Luego oí a varios pilotos llamar "trocolos" a velas como la mía, 1-2, y pensé que eran un poco sibaritas.

Hoy tengo que reconocer mi error: Hasta ahora no había VOLADO, simplemente estaba en el aire. Hoy he probado la vela de mi instructor, una 2-3 y HE VOLADO.

No he estado mucho más alto ni he llegado mucho más lejos que mis compañeros de vuelo. Samuel, por ejemplo, ha estado volando un buen rato por encima de mí con su vela de iniciación, y Escobar ha aterrizado arriba, cosa que yo no he hecho, pero yo HE VOLADO.

Es difícil el poder explicar esa sensación, se parece a cortar el aire, a planear indefinidamente de aquí para allá, a cerrar los ojos y disfrutar, llegar a creer que puedes ir allá a donde tú quieras sin tocar el suelo.

Volar una vela 2-3 implica un riesgo exponencialmente mayor que volar con una vela como la mía, 1-2, pero creo que estoy dispuesto a asumirlo para poder disfrutar en cada vuelo de estas maravillosas sensaciones. No es sólo para poder llegar más lejos, más rápido o estar más alto... ES PARA VOLAR.

La pregunta ahora es: ¿Tendré el valor y "las manos" necesarias para volar en una de estas máquinas?.

Chuzame! chuzame -